miércoles, 28 de octubre de 2009

Una cuestión lingüística




Uno de los elementos más apreciado por un estatal parecería ser que son las cosas que no funcionan o que podrían estar incompletas o rotas. Pero hay que entender que no se debe a una simple afición por coleccionar fósiles, ni en una visión de futuro que le permite predecir aquellos artículos que en algunos años tendrán un valor incalculable por excéntricos coleccionistas orientales.

La verdad esta muy cerca de nosotros y se debe solo a una cuestión lingüística, un amor que tiene el estatal por el apropiado uso de todas las palabras. Todo empleado de alguna dependencia del estado tiene en su poder o en sus alrededores un teléfono que no funciona, un baño cuyo asiento esta roto, un caño que pierde, los estantes de un armario que simplemente se desplomaron, etc. y cuando esto se inició quizás fue su ingenua intención encontrar la forma que aquello vuelva a su estado original, o al menos solucionar el desperfecto.

En busca de su sueño anhelado, ya que los sueños de su vida se apagaron al cruzar la puerta de la oficina pública, se dirigirá al sector correspondiente para sentir que un deseo en su vida podía ser cumplido. El más ingenuo lo hará personalmente, el más experimentado lo hará por nota, y el verdadero experto, aquel a quien todos van con sus consultas como un verdadero gurú de la estatalidad iniciara un expediente por mesa de entradas.

En realidad todo esto es indiferente porque todas las estrategias están dirigidas hacia el mismo sector. He aquí la revelación de la lingüística pura, aquella con la que soñaban Saussure o Peirce: todas estas demandas irán a parar a “mantenimiento”, claro… mantenimiento, no reparación o restauración o renovación, sino mantenimiento. Esta claro que su fin último es ser los granaderos del status quo, si algo se rompió utilizarán todos sus recursos y esfuerzo para que continúe roto, saber esto siempre será útil para un estatal. Nunca, nunca intentarán cambiar algo, su función es trabajar junto con el universo, y si el universo ha decidido que aquella puerta no cerrara bien, pues así será y así deberá ser por el resto de los días.

Estos protectores del destino de las cosas no descansarán jamás, evitarán cualquier llamada, nota, expediente u oficio, todo lo que implique ir en contra del curso natural del karma de los objetos inanimados y lo cierto es que ellos son “mantenimiento” y de eso hacen su mundo.

Dime lo que comes y te diré dónde trabajas


El estatal, por definición, jamás consume primeras marcas de alimentos. Es más, en numerosas oportunidades se encuentra a sí mismo preguntándose cosas como: "¿Desde cuándo Agnú es marca de saquitos de té?", o bien "juraría que nunca había visto Leche en Polvo Gingeré antes".

Es que el empleado público, desde el primer día que pone su vida al servicio del Estado, se vuelve preso de compras desactualizadas, precarizadas y de bienes obsoletos que el 96 por ciento de la Población Económicamente Activa de la Argentina eligió no consumir o la Organización Mundial de la Salud recomendó evitar.

Tras bambalinas, el Todopoderoso que digita las compras de alimentos y otros productos de consumo personal, devenido en una eterna reedición de la Caja PAN, normalmente no es otro que una señora mayor -muy mayor- (sospechosamente mayor) cuya cultura permanece aferrada a una idiosincracia que apuesta a la austeridad como forma de ahorro preventivo en caso de guerras mundiales o nucleares que obliguen esconderse en búnkers ad eternum y/o la explosión de una guerra de guerrillas encabezada por Rojos con intenciones de someternos al trabajo esclavo más ruin y despiadado alegando "equidad social".

Así es que en la mesita auxiliar -archivero de metal, ex escritorio y/o caja de Comodre 64- que todo empleado público posee en su oficina, nunca faltarán alimentos no perecederos como leche en polvo, azúcar -kilos de azúcar!-, mate cocido, polvo "al gusto de café" cuyo isologotipo es inpronunciable para cualquier cristiano de habla hispana y, en las dependencias más generosas, galletas marineras en sobres de a dos unidades (2) que ostentan su fecha de vencimiento en el 2017.

No obstante, curiosamente, al segundo o tercer día que llegan los insumos para abastecer la dichosa mesita, cada quien se acopiará de cantidades industriales de estos productos a sabiendas de que claramente no los necesita ni realmente los desea. Ojo, este ya clásico "me llevo un par para casa" también se hace extensivo a otra clase de elementos como resaltadores, biromes, resmas de papel, sillas, teléfonos, pantallas para pc y -los más obscenos- escritorios y otros mobiliarios de oficina. Por esto, el estatal está destinado a ser un eterno desabastecido.

martes, 27 de octubre de 2009

Una birome azul, nada mas...


Entre aquellas tareas que hacen a la estatalidad se encuentra la provisión de los elementos de trabajo, algo simple para cualquier ser humano… en principio.
Pensar en una birome le resulta la tarea más sencilla del mundo a una persona común y corriente, nadie podría creer que entre las tareas más difíciles que le depara la vida va a estar conseguir el tan mundano elemento. La búsqueda de la felicidad o hasta el santo grial podrían resultar, al menos, tareas más gratificantes... Pero no, conseguir una simple y ordinaria birome resultará más complicado que remar en dulce de leche.

A primera vista quien lee podría preguntarse: ¿Por qué si es tan complicado conseguir la bendita birome no la compra uno y se ahorra el problema? Pues la respuesta es sencilla: el empleado público debe estar entrenado para las tareas más intrincadas. Es parte de su entrenamiento básico para luego no sentir el menor remordimiento cuando deba decirle que no a algún pobre diablo que solo quiera completar un ridículo trámite.

Pues bien, asirse de la birome no será tarea fácil. Por supuesto que podría ir a otra oficina y llevarse por “error” alguna de esas joyas de la escritura moderna o quizás simplemente traer de su casa aquel implemento tan preciado que una vez se llevó pensando “para que voy a parar a comprar una birome y perder tiempo… me llevo la de la oficina pública que se queda con mi vida”. Claro que una birome a cambio de la vida no parece un cambio justo, pero es de las pequeñas cosas de las que vive un empleado estatal.

A este estado de perversión llega la estatalidad, aquella pequeña victoria que fue llevarse una insignificante birome ahora se transformará en su calvario.
Entonces comienza el camino que parece más lógico, simplemente dirigirse a la oficina de suministros y pedir una. En aquel lugar conoceremos a los seres más bajos en la cadena alimenticia del ecosistema estatal, aquellos que nos harán sentir todo el poder de la administración pública y se nutren de la desesperanza ajena. Ante el inocente pedido veremos que una media sonrisa se dibujará en el rostro de nuestro interlocutor y en ese mismo momento en que reconocemos el gesto nos damos cuenta que muchas cosas podrán pasar en los minutos siguientes menos una: que nos den el buscado adminículo de librería. Nos acosarán con todo tipo de argucias, nos demandarán mail, memorando, orden de compra o cualquier otra herramienta administrativa, si hemos sido lo suficientemente hábiles estaremos muñidos de alguno de esos papeles, pero no de todos y justamente ese será el que falte para nuestro objetivo.

En el primer intento nos iremos con nuestra cabeza en alto, volveremos a nuestro lugar de trabajo e intentaremos restituir nuestro honor negándole a algún orate que se nos cruce aquello que está buscando, solo para sentir que podemos hacerlo (y así resarcirnos un poco con nosotros mismos). Hecho esto nos dirigiremos nuevamente al sector de las tinieblas, o “suministros” (las comillas se deben a que rara vez suministran algo verdaderamente) y el acólito del diablo nos volverá a sonreír al vernos.

Esta vez tenemos todo: mail, memorando, orden de compra, últimos tres recibos de sueldo y alta de la revisación médica para la pileta (fundamental al parecer). Al entregar todos los papeles notamos que la sonrisa se expande un poco más, pero ahora la acompaña un gesto hecho con las cejas. Sentimos que algo no esta bien pero no sabemos qué... Pero el misterio se revelará enseguida porque al parecer no hay biromes porque no entró el pedido, o quizás nos dicen que deben verificar en el archivo cuantas biromes se han retirado del sector y por qué no que, simplemente, "nunca se pidieron biromes azules" sino que son todas negras. Ante tal posibilidad sentimos una falsa sensación de alivio, falsa porque todos nuestros papeles dicen “birome azul” y no “birome negra”, y nuevamente el cancerbero de la administración pública ha ganado, nos ha superado.
Ya de vuelta, abatidos y desconsolados nos damos cuenta que podemos seguir con ese sentimiento de frustración absoluta o tomar la experiencia como una enseñanza. ¿Y qué mejor que ponerla en práctica con algún otro infeliz que, como nosotros hace instantes, sólo quiere algo insignificante como una birome azul?

Un establo de burócratas


Quien haya entrado alguna vez a la Unidad Administrativa de Control de Faltas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires con ojo lego en materias de estatalidad habrá absorbido sin censura previa toda la fauna y flora que en una dependencia semejante se puede encontrar.

En un lugar así la estatalidad se cuela por los poros hasta dejar un tufillo que varias cuadras más tarde y ya lejos del edificio todavía se huele en la transpiración. Es olor que emanaría un establo lleno de burócratas digamos, con sus respectivos utensilios administrativos y variopintos elementos que hacen al folklore de la vida estatal. A saber: biblioratos, archiveros de metal despintados, carteles y pegatinas perennes de gremios diversos, almohadillas para sellos con la tinta más reseca del mundo mundial, gente fea (mucha gente fea), chalecos de lana con olor a naftalina y sesentonas teñidas de pelirrojo con algo similar a un fuseau debajo del delantal de ordenanza… y polvo, toneladas de polvo acumuladas a lo largo de la historia del mismísimo edificio.

Esto, que no es más que lo esperable de cualquier recinto en que funcione un ente “que solventamos todos nosotros” puede agredir todos juntos y de un saque los 5 sentidos de un sujeto no estatal… pero no es nuestro caso.

Cuando un estatal visita una dependencia municipal siente familiaridad de entrada, una melancolía que lo une a esos otros seres semi-secos por dentro, raza a la que uno pertenece (por lo menos en horario de atención). La confusión general de la dependencia municipal al estatal no lo amedrenta.

Identifica rápidamente al guardia de seguridad con cara de haber llegado más lejos en la escalera educativa y arremete. Papelito en mano pregunta derecho viejo y sube hasta el primer piso.

Allí, como una imagen sacra se despliega ante él un pasillo inmundo, con los tubos de luz más gris que se pueden imaginar. Y boxes, 120 metros de boxes a izquierda y derecha, caballerizas de agentes y controladores que en vez de estar rodeados de fardos de alfalfa están rodeados de legajos, remitos, memorandums, menúes viejos de los bares aledaños, faxes amarillentos y resaltadores.

Y el estatal entiende entonces que somos como primos, que muncipales y estatales somos como herefords y aberdeen angus, no importa el color o la función, todos masticamos todo el santo día.

Estando de visita en éste Haras del horror, viendo a nuestros “pura sangre” desplegar su máximo potencial de estatalidad me sentí como en casa de unos tíos lejanos, y como buen estatal me las apañé para conseguir un mate.

No hay lugar como el hogar



La dependencia estatal es, por definición, un lugar horrendo donde prima el mal gusto, la baratija -es muy estatal adquirir baratija innecesaria proveniente de una mutual sindical y/o sacrosanto Sector de Insumos- el descuido y el linyerismo como actitud frente a todo lo que a materia edilicia e inmobiliaria respecte.

Ya sea que hablemos de un ministerio, una secretaría, un ente regulador o una entidad educativa, el lugar "ao vivo" presentará irremediablemente muebles y artefactos rotos y remachados hasta límites ridículos y obscenos que sólo serán reemplazados una vez que la estructura remendada, por sí misma, ponga el riesgo la vida del propio personal estatal.

Es innegable: toda dependencia estatal cuenta con infraestructura de mal gusto, dado que "como es de todos y a nadie le importa y por tanto nadie jamas nunca lo va a cuidar entonces, licitación mediante, compremos lo más barato y villa que encontremos o se nos presente en el camino".

Así es como llegan los rapi estant a borbotones, los escritorios-tablones-caballetes que se despliegan como ícono del fordismo más despiadado para satisfacer a los 75 empleados públicos que braman por un lugar propio en su oficina, los archiveros -el Estado archiva TODO- de metal marrones y/o grises que sólo se continuaron haciendo para la demanda estatal porque en cualquier otro lugar del mundo y de la vida ya se subieron a la cautivadora ola de "archivos digitales informáticos", las cortinas de papel y/o latón extra-abollable y sillas de rueditas provenientes de Pyongyang cuyas rueditas parecen haberse extraviado en el container y el reclamo pende desde 1997 en la Bandeja de Salida del departamento correspondiente.

El baño del estatal merecería un capítulo aparte. Inexplicablemente, el toilette de cualquier dependencia pública es un tiradero digno de un grupo de seres sucios, sin cultura, sin higiene propia y cualquier clase de respeto por otro ser viviente de nuestro ecosistema. Cómo se explica, sino, que el baño de un estadio de fútbol, al que concurren miles de personas distintas por día sea comparable a un excusado estatal, que sólo lo utilizan quienes allí trabajan?

Es que para el estatal -en el fondo indignado por que le soliciten labores "cuando deberían agradecerle por venir a trabajar sabiendo que podría gerenciarse una orden médica apócrifa para pedir alguna licencia que lo dispesne por unos meses"- el lugar donde trabaja es su propia prisión. Descuidar sus bienes de uso laboral es el modo que encuentra el empleado público para manifestar su desacuerdo con el sistema que lo fagocita.

lunes, 26 de octubre de 2009

Trivia Estatal - I


¿Qué dependencia estatal solía ser un hotel alojamiento?

El estatal te fuma - I

Lotita dice:
te conte que ayer la estatal se enfrentó a la amenaza de un murcielago en la oficina??

Solcito dice:
no era una rata? o hay ambas cosas alli?

Lotita dice:

resulto tener alas alas. Las desplegó ante mi..

Solcito dice:

ah...acá hay ratas por eso. Y qué hiciste?

Lotita dice:Cerramos la puerta y lo dejamos del lado de afuera

Solcito dice:
yo lloro, le doy con el primer implemento estatal que vea (PC de año AC), teléfono de entel o guía telefónica de 1986, etc

Lotita dice:
Mientras estaba del lado de afuera, llamé al Pasteur

Solcito dice:
LLAMASTE AL PASTEUR?

Lotita dice:
JAJAJAJAJAJAJAJA

Solcito dice:
JAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJA

Lotita dice:
seeee

Solcito dice:
yo lo hubiera dejado ahi. Y qué te dijeron?

Lotita dice:
MUY ESTATAL LO MIO

Solcito dice:
seee llamar al Pasteur habla de una estatalidad nata. Y qué te dijeron?

Lotita dice:
jajajaja
“llamar al Pasteur habla de uina estatalidad nata”. Me mató tu frase.

Lotita dice:
Me dijeron que lo venían a buscar hoy a la mañana

Solcito - "Llamar al Pasteur habla de una estatalidad nata" dice:ah, sigue ahi el pobre e infeliz bicho?

Lotita dice:
jajajajaja, nooo, pero nadie se lo llevó. Excepto Dios, de esta vida miserable


Solcito - "Llamar al Pasteur habla de una estatalidad nata" dice:dejar un murcielago en cautiverio y a la intemperie habla de una estatalidad brutal tb

Lotita dice:
Cómo se puede estar en cautiverio y a la intemperie si sos un muercielago???
de hecho pareciera que escapo, maldito zangano

Solcito - "Llamar al Pasteur habla de una estatalidad nata" dice:AH MURIO. MATASTE UN MURCIELAGO. MATAR UN MURCIELAGO ES EL SIMBOLO DE LA ESTATALIDAD MAS ATROZ!

Lotita dice:o de Batman...

Solcito - "Llamar al Pasteur habla de una estatalidad nata" dice:
Lo dejaste morir por pajera estatal!!!!

Lotita dice:JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
SOMOS TERRIBLES PARA LA FAUNA Y LA FLORA

Solcito - "Llamar al Pasteur habla de una estatalidad nata" dice:JAJAJAJA NOS CHUPA UN HUEVO PORQUE LA FAUNA Y LA FLORA PÂSAN; LO Q QUEDA ES LA PLANTA PERMANENTE

Lotita dice:JAJAJAJAJAJAJAJAJJAA
JAJAJAJAJAJAAJAJAJAJAJAJAJA
JAJAJAJAJAAJJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
que buen concepto el de "planta permanente"
JAJAAJAJAJAJAJA

Solcito - "Llamar al Pasteur habla de una estatalidad nata" dice:se, es como lo q rige tu vida. Tu norte eterno

Lotita dice:jajaja
excelente. Te imagino del otro lado, querida estatal, con la misma cara que yo

Solcito - "Llamar al Pasteur habla de una estatalidad nata" dice:y Ya laburaremos en la misma dependencia...

Lotita dice:de "gracias que vine,,,"

Solcito - "Llamar al Pasteur habla de una estatalidad nata" dice:En pijama...clá

Lotita dice:el sueño de las amigas estatales: "laburar en la misma dependencia"

Solcito - "Llamar al Pasteur habla de una estatalidad nata" dice:somos el motor del pais

Lotita dice:me acaban de traer las empanadas

Solcito - "Llamar al Pasteur habla de una estatalidad nata" dice:me voy antes de hacer minutos extras que no van a pagarme

Lotita dice:yo voy a lastrar