La dependencia estatal es, por definición, un lugar horrendo donde prima el mal gusto, la baratija -es muy estatal adquirir baratija innecesaria proveniente de una mutual sindical y/o sacrosanto Sector de Insumos- el descuido y el linyerismo como actitud frente a todo lo que a materia edilicia e inmobiliaria respecte.
Ya sea que hablemos de un ministerio, una secretaría, un ente regulador o una entidad educativa, el lugar "ao vivo" presentará irremediablemente muebles y artefactos rotos y remachados hasta límites ridículos y obscenos que sólo serán reemplazados una vez que la estructura remendada, por sí misma, ponga el riesgo la vida del propio personal estatal.
Es innegable: toda dependencia estatal cuenta con infraestructura de mal gusto, dado que "como es de todos y a nadie le importa y por tanto nadie jamas nunca lo va a cuidar entonces, licitación mediante, compremos lo más barato y villa que encontremos o se nos presente en el camino".
Así es como llegan los rapi estant a borbotones, los escritorios-tablones-caballetes que se despliegan como ícono del fordismo más despiadado para satisfacer a los 75 empleados públicos que braman por un lugar propio en su oficina, los archiveros -el Estado archiva TODO- de metal marrones y/o grises que sólo se continuaron haciendo para la demanda estatal porque en cualquier otro lugar del mundo y de la vida ya se subieron a la cautivadora ola de "archivos digitales informáticos", las cortinas de papel y/o latón extra-abollable y sillas de rueditas provenientes de Pyongyang cuyas rueditas parecen haberse extraviado en el container y el reclamo pende desde 1997 en la Bandeja de Salida del departamento correspondiente.
El baño del estatal merecería un capítulo aparte. Inexplicablemente, el toilette de cualquier dependencia pública es un tiradero digno de un grupo de seres sucios, sin cultura, sin higiene propia y cualquier clase de respeto por otro ser viviente de nuestro ecosistema. Cómo se explica, sino, que el baño de un estadio de fútbol, al que concurren miles de personas distintas por día sea comparable a un excusado estatal, que sólo lo utilizan quienes allí trabajan?
Es que para el estatal -en el fondo indignado por que le soliciten labores "cuando deberían agradecerle por venir a trabajar sabiendo que podría gerenciarse una orden médica apócrifa para pedir alguna licencia que lo dispesne por unos meses"- el lugar donde trabaja es su propia prisión. Descuidar sus bienes de uso laboral es el modo que encuentra el empleado público para manifestar su desacuerdo con el sistema que lo fagocita.
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