viernes, 20 de noviembre de 2009

La columna del Municipal I


Hoy me vi obligada a participar aquí, a traerles un poco de mi experiencia Municipal. Vivencias tan hermanas, tan familiares a las del estatal!
Voy a relatarles una experiencia personal y particular, pero creo que va a ayudar a definir un poco que clase de fauna es la municipal.
Tuve la oportunidad de conocer una de las dependencias más municipales que jamás haya imaginado.
Dicho área se titula "Festejos", dependiente de la Dirección General de Relaciones Institucionales, Protocolo y Ceremonial. Porque una de las características de la municipalidad es que nunca es tan simple acceder a algo, sino que para llegar al lugar deseado hay que atravesar múltiples barreras burocráticas. Además de las barreras tecnológicas, por Ej. no tener una computadora donde funcione bien internet (o intranet en nuestro caso!) para comunicarse de forma más simple con el mundo.
Pero lo logré esta vez! Llegué donde quería.
Coordino mi cita, tras múltiples llamados, espera a que llegara la nota correspondiente con el pedido, etc., etc.
Llego al lugar en cuestión, y ya desde la entrada misma todo pareció pertenecer a otra dimensión. Un lugar despoblado en principio, sin nadie a quien consultar una orientación.
Me adentre, de forma atrevida. Camino, camino, cuando doblo en una esquina, pum! descubro todo un mundo.
Galpones inmensos, inmensossssss (ubicados en el corazón de la zona de Facultad de Medicina, para que se hagan una imagen de lo que sucedía puertas afuera), casi en un acto de impunidad entro a uno de estos, preguntando dónde podía encontrar el "Área Electrotécnica". Hombres, hombres, hombres y más hombres, todos sentados al rededor del bendito mate, infusión oficial. Me miran, pero no me registran. Uno de ellos se digna a dejar de lado su conversación, y tras mirarme de arriba a bajo, me pregunta: "a que venís vos?". Ahí todos enmudecieron y posaron sus miradas en mí.
Le explico, que tengo aprobado un préstamo de reflectores, le digo el nº de orden del pedido, con quién coordine la cita, que material es el que necesito, etc., etc. Le ofrecí de manera desbordada una cantidad de información improcesable para los seres que me miraban.
El señor se paró, caminó hasta el umbral de una puerta que unía con el galpón siguiente, y sin ningún tipo de pudor gritó: "Pepeeeeeee, acá hay una chica que te busca". Acto seguido me indicó que fuera hacia el otro galpón donde iba a ser atendida por Pepe.
Me encuentro con Pepe, le vuelvo a explicar exactamente lo mismo que antes. Él me mira, espera a que termine, se aleja, camina hacia el umbral antes citado, y le habla a los hombres anteriores, les dice: "a mi nadie me aviso de esto", y uno de ellos le contesta: "Ssisis, habían avisado que venían a buscar los reflectores".
Esto mal predispuso a Pepe, que de ahí en más, no me volvió a hablar. Le pidió a otros que lo ayudaron a armar el pedido que yo venia buscar, porque él tenia que armar la ficha de salida (dícese de un papel en el que se describe qué te llevas, quién es el que se lo lleva, cuándo lo devolvés, toda esa información simplemente la completas en unos casilleros que ya están definidos previamente). Bueno, dos o tres jóvenes se levantan, comienzan a buscar las cosas, van, vienen, revuelven, etc. Hasta que acercan los objetos en cuestión.
Los colocan frente a mí. Cuatro reflectores de 1000 watts, con un cable pequeño Y SIN ENCHUFE!!!! Es decir, con los cables pelados!
Pregunto, inocentemente, “¿ahora le ponen los enchufes?”, a lo que Pepe responde, casi revanchista: "No, no, nosotros no tenemos enchufes, eso lo tienen que poner Uds., nosotros les entregamos las cosas así".... Me sentí casi encolerizada, porque habiendo hablado con gente de la dependencia antes de ir, nunca habían comentado nada al respecto.
Se acerca entonces otro señor, quien en la ronda de mate parecía tener un rol más destacado. Se presenta, y me dice que él es el Encargado del Área, me cuenta tres anécdotas de gente que fue a buscar cosas allí sin las previas notas burocráticas, una de esas “anedas” me la empalma con un dicho acerca de “las tetas de la chancha y los chanchitos”, que no pude seguir atentamente, para finalizar diciéndome que mi problema era que yo no había hablado con la gente indicada, sino que había hablado con simples empleados administrativos.
Después de agradecerle sus consejos, reprimiendo mi odio interior, agarre de a uno los reflectores, mientras esta horda de hombres tomadores de mate mi miraban una vez más, los subí al auto y me aleje...
Los dejo entonces, tras mi primera incursión en la columna del Muni amigo!

sábado, 14 de noviembre de 2009

Se rompe, se rompe, pero no se dobla


Sólo dieciocho horas. Dieciocho malditas horas con sus estúpidos minutos y sus sádicos y escasos segundos. Eso, no más, fue lo que duró sin romperse el identificador de huellas dactilares -otrora reedición de máquina lectora de código de barras para productos que aplicada al empleado público no hace más que confirmar su condición de objeto inanimado- que compraron en esta dependencia para fichar el horario de entrada y salida de los empleados que allí cumplimos a diario nuestro jornal.

Como si se tratara de un agujero negro, de un triángulo de las bermudas clase B, todo insumo nuevo que apueste a un cambio, renovación o mejoría de la oficina será automáticamente saboteado por alguna fuerza extraña e inexplicable que logrará averiarlo ridículamente en un lapso de tiempo inverosímil y obsceno. Todo lo que ingrese, no tardará más que algunas horas en romperse y dejar de servir por la más absoluta eternidad.

Tal vez sea por el descuido sistemático de los empleados públicos, que carecen de todo tipo de respeto por el material de trabajo ("Total, no es mio"; "Yo no lo pago", etc.), o simplemente se deba a un hecho lógico y proporcional entre el nuevo insumo en cuestión y la cantidad de personas que pretenden usufructuarlo (una dependencia pública siempre tiene más empleados de los que necesita y de los que, sanamente, podría albergar en su seno).

Y de más está decir que aquel artefacto que presenta un desperfecto está destinado, irremediablemente, a permanecer eternamente como un depositario de polvo sin que nadie vuelva siquiera a intentar hacerlo funcionar (Ver post al respecto).

Tal es así que nuestro identificador de huellas dactilares ahora adorna la pared de entrada a mi oficina, mientras la persona apostada en la puerta de ingreso se hace a la idea de que deberá seguir completando, de su puño y letra, y por no menos de 25 años más, el horario de llegada y salida de cada empleado estatal mientras añora, con angustia y recelo, aquellos dieciocho gloriosos minutos en los que pudo sentirse parte del progreso.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Llegaron los pitufos,,,


Laburar en el estado te permite presenciar eventualidades de todo tipo: cismos, roturas de cualquier índole, derrumbes, inundaciones, plagas… y también, porque no, golpizas…

Hoy en “La vida estatal” presentamos: EL ARQUITECTO VS. EL AREA TÉCNICA

Una tarde calurosa de noviembre, donde todo está en calma de repente corta el sopor de la siesta estatal un grito, bien visceral… “HIJO DE PUTA TE VOY A MATAR!!!!!!”. El orador: un joven del área técnica.
El destinatario: un arquitecto a cargo de la reforma de cierta repartición pública.
El motivo del epíteto: desconocido para el agente que suscribe.
El desenlace dramático: un joven tratando de ponerle un palazo a un señor, algún personal de seguridad atónito/inútil en sus intentos de prevenirlo, una secretaria comedida que interviene para separarlos, dos o tres representantes gremiales que interceden también y mucho, mucho empleado estatal que, mate en mano, se junta en la balconada para mover la cabeza en señal de preocupación y encontrar en este incidente un motivo para desperdiciar el resto de su jornal formulando hipótesis, opiniones, justificativos y teorías varias que no persiguen otro objetivo mejor que el de “rascarse” el resto de la tarde, hipnotizados por el episodio digno de dos “vedetongas” en decadencia.
La resolución del conflicto: llegada de los azulinos “defensores” del bien público, quienes han sido convocados al mitin por el arquitecto agraviado.
Es que, en el estado, hasta las grescas se deslucen.... Porque, vamos, en el fondo, cagarse a trompadas invoca un gasto energético que el estatal no esta dispuesto a hacer, no?

viernes, 6 de noviembre de 2009

El estatal te fuma II

::Lotilandia:: dice:
no sabessssss lo que me acaba de pasar
en el marco d la estatalidad todo te puede sucederrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr
Paloma dice:
que????????????
seeeee
que? que?
::Lotilandia:: dice:
ME LLAMO EL PAPÁ DE UNA ALUMNA QUE ESTA INVITADA A MAR DEL PLATA PARA PREGUNTARME CON QUIEN IBA A COMPARTIR HABITACION LA NENAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
ME ROBO 13 MINUTOS DE MI VIDA
ME SECO EL CEREBRO
Paloma dice:
nooooooooooooooooooooooooooooooo
Paloma dice:
jajajajajaJAJAJAJAAJA}
::Lotilandia:: dice:
A MI ADEMASSSSSSSSSSS
Paloma dice:
ME MUEROOOOO
::Lotilandia:: dice:
JUSTO A MIIIIIIIIIIIIIIIIIII
Paloma dice:
NO NO NO NO NO NO
::Lotilandia:: dice:
QUE SOY MUY GUARANGAAAAAAAAAAAAAAAAAA
"TE VAN A GARCHAR A LA NENA, DALO POR HECHO"
Paloma dice:
claaaa
jajajajajaja
que huevon!
cuantos años la piba?
::Lotilandia:: dice:
UN PE-LO-TU-DO
19
"SEÑOR, SU HIJA NO FUE A BARILOCHE???"
ESO LE PREGUNTE
Paloma dice:
hhaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
me rio con ruido
::Lotilandia:: dice:
JAJAJAJAJJAJAA
::Lotilandia:: dice:
ES QUE ME ACABA DE PASARRRRRRRRRRRR
::Lotilandia:: dice:
Y NO ME ENTRA EN LA BOCHA
ME FISURA ME FISURA ME FISURA ME FISURA
Paloma dice:
noooo es acsurdoooo
fisuralaaaaaaaaaaaaaaa
::Lotilandia:: dice:
QUIERO FUMARME UNA PALMERAAAAAAAAAAA

jueves, 5 de noviembre de 2009

Por qué no una escapadita...


En época vacacional o fin de semana largo, es muy habitual encontrarse con personal estatal –solos o en sendos grupos familiares- que, a dispensas de los descuentos y maravillosas oportunidades que ofrece la mutual sindical, se pasean - haciendo gala de una falsa sensación de alegría- por destinos desagradables, impopulares e incuestionablemente horrendos, a los que deciden ir únicamente por su carácter de "barato e imperdible", según reza el cartel que los promociona en la vieja y agujereada cartelera.

Así es como, hordas de personas desalineadas, mal vestidas y secas por dentro, ávidas de sacar provecho de cuanto descuento se tope en su camino, comparten piletas municipales, termas de agua estanca y microorganismos de procedencias inclasificables, parrillas oxidadas, canchitas de papi fútbol y micros de media distancia desvencijados que enmarcan una escapada carente de cualquier atisbo de comodidad o encanto cuyo único norte es no perderse “una oportunidad única a un precio de locos”.

Y de esta manera es que, enceguecido por el descuento, el estatal termina hospedándose en hoteles infectos, rodeados de alimañas ya extintas en otros países limítrofes, cuya única prestación es agua caliente de 12 a 19 y servicio de mate cocido libre.

De este modo, Las toninas, Mar de Ajó, Santa Teresa y Alejandro Petión encabezan los destinos predilectos del estatal para pasar unas jornadas de hastío e inmundicia consumiendo helados de palito Laponia (el estatal prefiere las marcas anacrónicas que le recuerdan a un pasado que ya no existe, en el cual su vida todavía no era presa de una "beca de por vida"), sánguches promocionados como “PBT” y llevando a los niños a aburrirse como ostras en la calesita en la Plaza principal -cuya habilitación es severamente cuestionada dado que el chirrido de sus piezas oxidadas dejó un saldo de tres padres con ACV- y cuyo dueño, siempre un pobre diablo apodado "Don algo" se la pasará contando historias deprimentes y horrendas. Lo que se dice, un poco de aire fresco.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Estación Retiro vs. Aeropuerto de Ezeiza


Como en todo orden de la vida, existen los extremos, las ideas antagónicas y las divisas rivales. Si sos de izquierda o de derecha. Si sos católico o judío. De River o de Boca. Rubio o morocho. Rico o pobre y tantísimos ejemplos más. Pero hay uno el cual vamos a zambullirnos de cabeza para bucear en la profundidad de los mares de estas dos fuerzas opuestas. Las empleadas estatales y las privadas. Es oportuno remarcar que, cada una es tan necesaria de la otra para afirmar aún más la diferencia. Como premisa, expongamos el caso de muchachitas de ambos trabajos, entre 20 y 30 años de edad.

Para dar inicio a la cuestión, empecemos como debe ser por los nombres. En el caso de las empleadas estatales, sus nombres navegan entre los Gisela, Romina, Verónica, Mariela y si es más veterana jamás faltan las Mirta y Cristina. Como contrapunto, en las oficinas privadas encontramos a chicas tales como Pili, Agus, Chechu, Dolo, Ine, Sofi, etc. Por otro lado, generalmente la empleada estatal lleva dos y hasta tres nombres intentando impactar y dejar de sentirse menos, ejemplo: Noemí Gladis Roxana Galván…(PUAJ!!) Mientras que la empleada privada lleva lo opuesto, un solo nombre, fuerte y seguro y dos apellidos, ejemplo: Elenita Díaz Braun o Delfina Alvarez Toledo.

Lo que es clarísimo son lo berreta de los apellidos de las empleadas estatales. Si te encontrás haciendo un trámite y esperás sentado mientras llamas por los altoparlantes, al toque sabrás quien es empleada estatal y quien privada. Si escuchás por ejemplo: “Señorita Vanesa Obregón, presentarse en ventanilla 8”…Obregón, Obregón…¿no suena a bombo de manifestación? Sí!!, acertaste, Vanesa Obregón es empleada estatal. Ni hablar si tiran un Roldán o un Leguizamón.
Otro tema tremendo son los diferentes cursos vacacionales que toman unas y otras. De más está decir, la minita estatal sólo conoce las playas de la costa atlántica. San Clemente, Mar del Tuyu y Santa Teresita son las preferidas, pero tienen como icono de playa ilustre a las Toninas.

Detengámonos en un detalle concluyente. Todas, pero todas las empleadas estatales tiene cara, aspecto y onda de estación Retiro. Vos las ves y es como que fueron concebidas para caminar las plataformas de los trenes y ómnibus, llevando a cuestas mochilas de 20 pesos y corriendo desesperadas para que no se les escape el tren o micro. Obvio, no tiene plata para costearse otro. ¿Punta del este?, jajajaja, poooobre. La minita estatal sólo la ve una vez por año por TV cuando Robert Giordano hace los desfiles en verano, pero como siempre son de noche al fin de cuentas no ve un carajo.

En cambio, las chicas de empleos privados, nacieron para caminar los pasillos de Aeroparque o Ezeiza, listas para el checking y cargando un carrito con no menos de dos fuertes maletas importadas adquiridas en un viaje al exterior con sus amigas después de recibirse en la facultad. Si por esas cosas tontas de la vida, cae al aeropuerto Ministro Pistarini una empleada estatal, automáticamente quienes se hayen haciendo el checking, les gritarán: “juira!, bicho, juira!!

Otras de las diferencias muy notorias es el cabello. El pelo en las empleadas estatales es grueso, de un teñido mal hecho que cuando hay humedad se va desmejorando minuto a minuto y termina con los pelos parados y revueltos como si se hubiera peinado con cuetes. Ninguno de los accesorios para el pelo de una empleada estatal vale más de 5 pesos, te lo aseguro. En cambio, la empleada privada, linda de cabellos oscuros o rubios, pero lacios, por más que la humedad sea del 200% se mantendrá intacta como una modela de Panten.

Si nos introducimos específicamente en giros idiomáticos, voy a traer a este relato un solo ejemplo. Si una minita estatal te agradece un gesto o una gauchada tuya, te dice “JOYYYA”, dejando en claro una buena patinada de la “ye”. ¿Hay palabra más grasa y decadente que “joya”? No, claro, que no. Mientras que la señorita privada, el mismo gesto te lo agradece diciendo: “Gracias, boló”.

Por último, quiero hacer hincapié en el escritorio de una empleada estatal y una privada. Por encima de legajos viejos, desteñidos, tazas con Mickey del año ‘80 y demás porquerías, seguro vamos a encontrar un mate, yerba y azúcar esparcidos por todo el teclado de una computadora Pentium II y sin memoria, y un monitor que ya perdió los colores y se ve en tonalidades de verde con un protector de pantalla como si fuera un mosquitero. Clips, gomitas, abrochadora, pisapapeles, un termo, vizcochitos de grasa Don Satur, corrector seco, bolsas de nylon donde traen la comida que les sobró anoche, un paraguas porque en día de lluvia gotea el techo, etc, merodean el escritorio sin mucho sentido ya que la minita estatal lee preferentemente Paparazzi o Revista Pronto. En cambio, en el escritorio de una empleada privada, que generalmente es de madera wengue, no hay mucha cosa. Una súper laptop, dos teléfonos celulares, uno de línea, una pequeña lámpara dicroica, alguna que otra masita seca y tés marcas Lipton o Twinings. Todo supervisado por una moza o mozo de piso.

Podemos seguir agregando más y más diferencias, como lugar donde viven, como viaja cada una, los modos de hablar, donde salen una y otra, la ropa con que se viste, etc. Lo que queda como reseña final, es que la minita del estado está es puesto de trabajo en “Estado” vegetativo, mientras que la privada, justamente no se “priva” de nada y goza de la vida.

martes, 3 de noviembre de 2009

Justicia Poética


X y X. Dos notas musicales. Dos notas musicales que suenan en el inicio de una de las canciones más famosas y emblemáticas de Radiohead. Dos campanadas para ser más exactos. Tan poderosa es la canción alegada que -datos al paso- la escogieron para musicalizar el primer capítulo de la 6ta temporada de Dr. House (si, hay mucho estatal que te mira DR. House, no soy la excepción a la regla) y, tocada “ao vivo” por la mencionada banda el 24 de Marzo de éste año, arrancó lágrimas a quien suscribe y a miles de fans más. Para los que no lo hayan adivinado ya (y por lo tanto no tienen mucha idea de “de qué la va la música las últimas dos décadas”) me estoy refiriendo a la poderosa y venerada NO SURPRISES. Ahora bien “¿Qué carajo tiene esto que ver con la estatalidad? ¿Esta gilada no giraba en torno a las quejas de dos niñas ricas con angustia que se habían embarcado en la tarea de ser empleadas públicas?” se preguntaran… TODO TIENE QUE VER CON TODO.

Cuando uno cree que Jebuz agotó la cuota de agridulces paradojas que le depara la vida al estatal (basta nomás citar el anterior post sobre la palabra mantenimiento y su semántica), llega una mas. La más poética de las patadas en el trasero, para quien tenga aún sensibilidad en el poto: el Gerente de la dependencia donde desempeña tareas el agente que suscribe ha adquirido un timbre para llamar a su personal y si, como lo pueden sospechar, las dos notas que toca son X y X.

Sin entrar en análisis sobre el arcaicismo que representa tener un timbre en vez de cualquier otro medio de comunicación interna más digno y respetuoso para el personal (que no sabía que al ingresar a la planta permanente había también comprado un pasaje en el Delorean al siglo XVII) pregunto: ¿No es irónico que el timbre del “jefe” (Coordinador, Encargado de área, Ministro, como sea que se pueda denominar al superior en la dependencia correspondiente) te recuerde todo el santo día a una canción que te conmueve, entre otras cosas porque contiene la frase “un empleo que lentamente te asesina” y pide que haya silencio?