
Entre aquellas tareas que hacen a la estatalidad se encuentra la provisión de los elementos de trabajo, algo simple para cualquier ser humano… en principio.
Pensar en una birome le resulta la tarea más sencilla del mundo a una persona común y corriente, nadie podría creer que entre las tareas más difíciles que le depara la vida va a estar conseguir el tan mundano elemento. La búsqueda de la felicidad o hasta el santo grial podrían resultar, al menos, tareas más gratificantes... Pero no, conseguir una simple y ordinaria birome resultará más complicado que remar en dulce de leche.
A primera vista quien lee podría preguntarse: ¿Por qué si es tan complicado conseguir la bendita birome no la compra uno y se ahorra el problema? Pues la respuesta es sencilla: el empleado público debe estar entrenado para las tareas más intrincadas. Es parte de su entrenamiento básico para luego no sentir el menor remordimiento cuando deba decirle que no a algún pobre diablo que solo quiera completar un ridículo trámite.
Pues bien, asirse de la birome no será tarea fácil. Por supuesto que podría ir a otra oficina y llevarse por “error” alguna de esas joyas de la escritura moderna o quizás simplemente traer de su casa aquel implemento tan preciado que una vez se llevó pensando “para que voy a parar a comprar una birome y perder tiempo… me llevo la de la oficina pública que se queda con mi vida”. Claro que una birome a cambio de la vida no parece un cambio justo, pero es de las pequeñas cosas de las que vive un empleado estatal.
A este estado de perversión llega la estatalidad, aquella pequeña victoria que fue llevarse una insignificante birome ahora se transformará en su calvario.
Entonces comienza el camino que parece más lógico, simplemente dirigirse a la oficina de suministros y pedir una. En aquel lugar conoceremos a los seres más bajos en la cadena alimenticia del ecosistema estatal, aquellos que nos harán sentir todo el poder de la administración pública y se nutren de la desesperanza ajena. Ante el inocente pedido veremos que una media sonrisa se dibujará en el rostro de nuestro interlocutor y en ese mismo momento en que reconocemos el gesto nos damos cuenta que muchas cosas podrán pasar en los minutos siguientes menos una: que nos den el buscado adminículo de librería. Nos acosarán con todo tipo de argucias, nos demandarán mail, memorando, orden de compra o cualquier otra herramienta administrativa, si hemos sido lo suficientemente hábiles estaremos muñidos de alguno de esos papeles, pero no de todos y justamente ese será el que falte para nuestro objetivo.
En el primer intento nos iremos con nuestra cabeza en alto, volveremos a nuestro lugar de trabajo e intentaremos restituir nuestro honor negándole a algún orate que se nos cruce aquello que está buscando, solo para sentir que podemos hacerlo (y así resarcirnos un poco con nosotros mismos). Hecho esto nos dirigiremos nuevamente al sector de las tinieblas, o “suministros” (las comillas se deben a que rara vez suministran algo verdaderamente) y el acólito del diablo nos volverá a sonreír al vernos.
Esta vez tenemos todo: mail, memorando, orden de compra, últimos tres recibos de sueldo y alta de la revisación médica para la pileta (fundamental al parecer). Al entregar todos los papeles notamos que la sonrisa se expande un poco más, pero ahora la acompaña un gesto hecho con las cejas. Sentimos que algo no esta bien pero no sabemos qué... Pero el misterio se revelará enseguida porque al parecer no hay biromes porque no entró el pedido, o quizás nos dicen que deben verificar en el archivo cuantas biromes se han retirado del sector y por qué no que, simplemente, "nunca se pidieron biromes azules" sino que son todas negras. Ante tal posibilidad sentimos una falsa sensación de alivio, falsa porque todos nuestros papeles dicen “birome azul” y no “birome negra”, y nuevamente el cancerbero de la administración pública ha ganado, nos ha superado.
Ya de vuelta, abatidos y desconsolados nos damos cuenta que podemos seguir con ese sentimiento de frustración absoluta o tomar la experiencia como una enseñanza. ¿Y qué mejor que ponerla en práctica con algún otro infeliz que, como nosotros hace instantes, sólo quiere algo insignificante como una birome azul?
Vieja y querida artimaña, atar la birome con un piolin al escritorio. Si no, se pierde al instante. Firma: Un estatal en recuperación... o Poli.
ResponderEliminarJAJAJA, Claaaa! vos zafaste pero en el camino algo aprendiste no?
ResponderEliminarEste blog me ha llenado de satisfacción! Ustedes han logrado captar la esencia misma de la vida estatal y me veo reflejada en ella, con las particularidades que me atañen como mujer Estatal Judicial de la Provincia de Buenos Aires (léase con el mismo tono con el que Jorge Luz, encarnando a la Porota, decía: “mujer madre y argentina!!”). Existe la creencia (entre nosotros los estatales) de que si uno cuenta las vicisitudes de la vida diaria en el trabajo (en la dependencia! perdón…) las demás personas, miembros de la actividad privada, nunca nos lo creerían. Eso mismo es lo que creo, le otorga mayor relevancia a este espacio, dado que sirve para que el estatal se sienta identificado y no llegue al patológico punto de pensar que vive en soledad en una suerte de eterna novela de realismo mágico escrita por un García Márquez macabro a quien se le ocurrió inventar los organismos estatales.
ResponderEliminarFelicito fervorosamente a los creadores de este blog, dejando expresa mención de mi más sincera admiración, todo en original y copia, en papel membretado, sellado y firmado en color negro.-
Coincido con mi colega cuya opinion me precede, este Blog es el fiel reflejo de las realidades de un empleado estatal que se enfrenta a diario con la burocracia del "Hermano Mayor". No solo por el hecho de conseguir la birome (cuya capacidad por desaparecer de la mesa de entradas de cualquier dependencia, es digna de estudio paranormal) sino por la simple tarea que conlleva el reparar una canilla que pierde, ya que uno, ante tal vicicitud recibe las mas disimiles excusas como "no, eso depende de de la superintendencia" (que de super no tiene nada) o la mejor de todas "tenes que pedirlo por oficio"; claro, entonces para reparar un simple cuerito de canilla hay que poner a un empleado que en muchos casos posee titulo universitario a: 1- redactar un oficio, 2- imprimirlo por triplicado (con el costo que ello significa 3- hacerlo firmar por el Jefe de Dependencia que rara vez se encuentra en la misma 4- llevarlo a la oficina de Administración 5- esperar 3 dias (en el mejor de los casos) para que sea procesado por 5 personas mas y todo eso solo para conseguir que me cambien un simple cuerito cuyo valor no supera los 10 o 20 centavos.
ResponderEliminarCulmino con mi ma sincera felicitación a los creadores de esta "joya" que muestra a lo que nos enfrentamos a diario todos los empleados que sin los elementos minimos y muchos casos en condiciones indignas llevamos adelante a la Justica, Administración, etc.